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El  advenimiento  de  la  cultura  moderna  se  caracterizó  por  el  avance tecnológico de mano de la ciencia, sin embargo dicha evolución también se ha  caracterizado por una crisis de sentido entre los seres humanos, ya que al subestimar la necesidad social del mito, las formas simbólicas fueron reducidas a meros elementos de diversión o entretenimiento. En el caso del mito, éste cedió espacio como dispensador de valores y guía. La siguiente cita, proveniente del trabajo de Gilber Durand lo resume así:

“El artista, como el icono, ya no tiene lugar en una sociedad que poco a poco ha eliminado la función esencial de la imagen simbólica”57

El mito, tal y como fungía en la antigüedad,  pierde parte de su función iniciática y evocativa en la sociedad. Sin embargo, los temas mitológicos, así como su lenguaje simbólico no se perdieron, pues actualmente se encuentran implícitos en diversos productos de la industria cultural (literatura, teatro, cine, televisión, videojuegos).

De manera que criticar la función del mito desde un punto de vista del

“espíritu analítico”, no se obtiene más que:

“…devastar una necesidad que de cualquier forma encontrará otro objeto sustitutorio, que de cualquier manera se estructurará de una forma desordenada y más criticable aún”. 58

Desde los cimientos de la modernidad y el pensamiento ilustrado europeo, se ha despojado  a la sociedad en general  de ese sentido de pertenencia,  de aquella forma de explicar el fin de las cosas y la existencia misma, de tal manera que ahora se vive una crisis de sentido que entre muchas otras consecuencias, según Manfred Frank, pueden ser vinculadas con actividades delictivas y de consumo  de estupefacientes,  además  de tener  que ver con el surgimiento  de innumerables  sectas  y  grupos  con  tendencia  religiosa.  Todo  para  calmar  la angustia que el mito, con sus enseñanzas y valores, logra desvanecer.