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El  filósofo  alemán  Ernst  Cassirer  menciona  en  su  libro  Antropología filosófica:

“El mito, en su verdadero sentido y esencia, no es teórico; desafía nuestras categorías fundamentales del pensamiento. Su lógica, si tiene alguna, es inconmensurable con todas nuestras concepciones de la verdad empírica o científica; pero la filosofía no pudo admitir jamás semejante bifurcación.”

De esta manera Ernst Cassirer entra en una serie de reflexiones acerca de la interpretación del mito y los distintos análisis a los que ha estado expuesto. En esta cita se puede ver la profundidad y complejidad con que el mito edifica sus estructuras (si es que se le pueden llamar así). El problema va más allá de una simple comprensión científica, puesto que el mito por sí mismo pertenece a una forma de pensamiento,  de desarrollo de la psique propia de la especie y que encuentra en las formas simbólicas su forma de expresión.

Las     imágenes          primordiales      o     arquetipos,      son     conceptos      que     el psicoanalista Carl G. Jung plantea como formas mentales cuya presencia no encuentra fácil explicación y que parecen ser innatas a los seres humanos, no importando la cultura de procedencia. Los arquetipos son representaciones de un motivo,  cuyo modelo  básico  no cambia. 43  Dicha  concepción  está  directamente relacionada con las formas simbólicas y su nivel connotativo.

Autores como Ernst Cassirer y Gilbert Durand han planteado la complejidad de las formas simbólicas, procesos  de no menos importancia cultural, sobre todo cuando se habla de mito y arquetipos.

Para Gilbert Durand el símbolo es:

“… signo que remite a un significado inefable e invisible, y por eso debe encarnar concretamente esta adecuación que se le evade, y hacerlo mediante el juego de las redundancias míticas, rituales, iconográficas, que corrigen y completan inagotablemente la inadecuación.”

El símbolo es un signo capaz de evocar, a través de una relación natural, un concepto que de otra manera no puede ser percibido. Así el símbolo se basta a sí mismo y lleva en su interior un mensaje enteramente trascendental, que nunca es explícito, sino más bien ambiguo y redundante.45

La presencia de los relatos mitológicos, así como las formas simbólicas que estos contienen, representan un fuerte vínculo entre el ser humano, su psique y el mundo que le rodea. Si bien la cultura y las tradiciones no se pueden heredar biológicamente, la capacidad de abstraer simbólicamente parece ser que sí. De esta manera los arquetipos se manifiestan en la humanidad como elementos psíquicos que colaboran en la creación de símbolos.

El mito,  el cual  siempre  estará  presente  en la vida social  de los seres humanos, bajo distintos soportes culturales, se encuentra codificado y susurra al hombre a través de su lengua natal: los símbolos.